Corrían malos tiempos cuando el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) convocó un concurso público para concienciar a la población de usar la energía de forma eficiente. La invasión de Ucrania había cortado el grifo del gas, la electricidad estaba más cara que el jamón de bellota y la gente estaba bastante cabreada.
Había que echarle valor para decirle a los ciudadanos que ahorraran energía. Y mucha creatividad para que se dieran por aludidos. Sin catastrofismos, pero sin medias tintas. Nuestra mayor motivación era que se recordase la campaña. Así que, junto a la consultora Teision, decidimos apostar por una idea entre valiente… y temeraria.
Los spots mostraban una terapia de grupo, técnica de probado éxito, en la que diversas personas (con una banda negra en los ojos para proteger su anonimato) confesaban que eran “derrochólicas” y malgastaban energía en su vida cotidiana. Las mostrábamos con respeto y sin ridiculizarlas; tan solo reconocían ciertas conductas equivocadas, pero a la vez muy corrientes. Cualquier ciudadano podía identificarse con sus malos hábitos. La parte positiva era que, con un poco de voluntad y algunos consejos, de malgastar energía también se sale.
La campaña gustó tanto a los expertos del IDAE y el Ministerio para la Transición Ecológica que valoraron nuestra propuesta (estrategia, creatividad y mix de medios) con 69 puntos de 70 posibles. Todo un récord.
En definitiva, una gran campaña multimedia a nivel nacional, traducida y adaptada también a las otras lenguas oficiales: catalán, euskera y gallego. Fue una tarea hercúlea, pero cumplimos con los deadlines a base de profesionalidad, dedicación y alguna que otra hora extra.
En cuanto salió al aire, la campaña tuvo una notoriedad extraordinaria (¡buena señal!). Conseguimos que una campaña institucional no se quedara en “paisaje”, sino que llamara la atención; dicho de otra manera, que la inversión realizada (que, no lo olvidemos, procede de los impuestos que pagamos todos) fuera realmente rentable. Se comentó mucho y despertó cierta polémica, pero más que nada entre los adversarios políticos del Gobierno, algunos tertulianos y columnistas, los habituales haters en Twitter… Se mencionaba en informativos, en viñetas de humor gráfico, en monólogos, en tiktoks… La campaña, como ya preveíamos, tuvo críticas, pero su buena intención y su eficacia publicitaria eran innegables: el site tuvo cerca de 128.000 visitas a lo largo de la campaña. Y el término “derrochólico” (inventado a semejanza de workaholic o shopaholic) se hizo muy popular, como demuestra su inclusión en DiccET, el Diccionario del Español Total que recoge todas las palabras de nueva creación.
Si te ofendimos de alguna manera, te pedimos disculpas. ¿O en el fondo de tu corazoncito reconoces que, a veces, tú también malgastas energía sin necesidad
Nosotros confesamos que sí, que somos derrochólicos. Aunque, pasito a pasito, estamos dejando de serlo. Eso nos hace sentir muy orgullosos. Y esta campaña, también