Derrocholicos IDAE/MITECO

Un derroche de notoriedad

Corrían malos tiempos cuando el Instituto para la Diversificación y Ahorro de Energía (IDAE) convocó un concurso público para concienciar a la población de usar la energía de forma eficiente. La invasión de Ucrania había cortado el grifo del gas, la electricidad estaba más cara que el jamón de bellota y la gente estaba bastante cabreada.

Había que echarle valor para decirle a los ciudadanos que ahorraran energía. Y mucha creatividad para que se dieran por aludidos. Sin catastrofismos, pero sin medias tintas. Nuestra mayor motivación era que se recordase la campaña. Así que, junto a la consultora Teision, decidimos apostar por una idea entre valiente… y temeraria: la campaña Derrochólicos.

Quien no arriesga, no gana (pensamos)

El concepto se basaba en que todos derrochamos energía. Nos dejamos luces encendidas, ponemos la calefacción a todo trapo y el aire como para pingüinos, usamos el coche para todo, creemos que las placas solares cuestan un dineral… Tenemos un problema y ni siquiera somos conscientes de ello. Somos como la campaña: “derrochólicos”. 

Los spots mostraban una terapia de grupo, técnica de probado éxito, en la que diversas personas (con una banda negra en los ojos para proteger su anonimato) confesaban que eran “derrochólicas” y malgastaban energía en su vida cotidiana. Las mostrábamos con respeto y sin ridiculizarlas; tan solo reconocían ciertas conductas equivocadas, pero a la vez muy corrientes.  Cualquier ciudadano podía identificarse con sus malos hábitos. La parte positiva era que, con un poco de voluntad y algunos consejos, de malgastar energía también se sale.

La campaña «Derrochólicos» gustó tanto a los expertos del IDAE y el Ministerio para la Transición Ecológica que valoraron nuestra propuesta (estrategia, creatividad y mix de medios) con 69 puntos de 70 posibles. Todo un récord.

Una campaña multi , multi, multimedia

Campaña Derrocholicos IDAEGanar el concurso solo fue el primer paso. Trabajando a un ritmo frenético, tuvimos que producir todas las piezas: spots de televisión (¡hasta 10 versiones diferentes!); adaptaciones a formato vertical para Instagram; cuñas publicitarias; guiones para menciones en radio y telepromos; piezas gráficas de 6 originales distintos: páginas, dobles páginas, faldones, etc.; publicidad exterior (vallas, marquesinas, mupis, DOOH, buses y tranvías); y en online, multitud de banners estáticos, dinámicos y rich media y el microsite derrocholicos.es, con todo tipo de consejos, links a información de las ayudas y subvenciones disponibles y hasta un test para averiguar tu grado de “derrocholismo”.

En definitiva, una gran campaña multimedia a nivel nacional, traducida y adaptada también a las otras lenguas oficiales: catalán, euskera y gallego. Fue una tarea hercúlea, pero cumplimos con los deadlines a base de profesionalidad, dedicación y alguna que otra hora extra.

En cuanto salió al aire, la campaña tuvo una notoriedad extraordinaria (¡buena señal!). Conseguimos que una campaña institucional no se quedara en “paisaje”, sino que llamara la atención; dicho de otra manera, que la inversión realizada (que, no lo olvidemos, procede de los impuestos que pagamos todos) fuera realmente rentable. Se comentó mucho y despertó cierta polémica, pero más que nada entre los adversarios políticos del Gobierno, algunos tertulianos y columnistas, los habituales haters en Twitter… Se mencionaba en informativos, en viñetas de humor gráfico, en monólogos, en tiktoks… La campaña, como ya preveíamos, tuvo críticas, pero su buena intención y su eficacia publicitaria eran innegables: el site tuvo cerca de 128.000 visitas a lo largo de la campaña. Y el término “derrochólico” (inventado a semejanza de workaholic o shopaholic) se hizo muy popular, como demuestra su inclusión en DiccET, el Diccionario del Español Total que recoge todas las palabras de nueva creación.

Si te ofendimos de alguna manera, te pedimos disculpas. ¿O en el fondo de tu corazoncito reconoces que, a veces, tú también malgastas energía sin necesidad

Nosotros confesamos que sí, que somos derrochólicos. Aunque, pasito a pasito, estamos dejando de serlo. Eso nos hace sentir muy orgullosos. Y esta campaña, también