Así se diseñó el Citroën 2CV hace 90 años

Lo leí recientemente —no cito al autor porque ya no lo recuerdo— y me pareció una obra de arte por su simplicidad y concreción.

Cuenta la historia que, en 1936, Citroën quería fabricar un coche para un segmento muy concreto de usuarios. Se trataba de los agricultores franceses, un sector entonces muy pujante y numeroso.

Citroën entendía el contexto en el que se movían y cuáles eran sus necesidades, por lo que planteó un briefing completamente centrado en el usuario que podríamos resumir así:

“Necesitamos un coche que permita que los agricultores, con sus sombreros puestos y llevando una cesta de huevos, puedan atravesar un campo recién arado sin romper un solo huevo y que, además, pueda transportar unos 50 kilos de patatas.”

Además, debía cumplir otros mandatos: ser barato de comprar y mantener, fácil de conducir y tener un consumo muy reducido, de alrededor de 3 litros cada 100 kilómetros.

Como podemos comprobar, el mandato era concreto y sencillo.

En definitiva, les dijo a sus ingenieros qué problema tenían que resolver.

Y ellos lo resolvieron diseñando un coche que acabaría respondiendo a esa popular definición del 2CV: “cuatro ruedas bajo un paraguas”.

Lo interesante de esta historia es que el briefing no describe la solución. Describe el problema que hay que resolver.

No explica cómo tiene que ser el coche, cómo debe diseñarse su suspensión, qué aspecto debe tener o qué soluciones técnicas deben utilizar los ingenieros.

Define al usuario, explica sus necesidades y establece unas condiciones muy concretas que el producto debe cumplir.

Y, cuando el problema está tan bien definido, la solución casi parece inevitable.

Ya lo han dicho numerosos expertos en el tema: un briefing no debería ser un compendio de páginas y páginas de información.

Por supuesto, hay proyectos que necesitan contexto, datos y documentación. Pero toda esa información debería servir para llegar a algo mucho más sencillo: entender exactamente cuál es el problema que queremos resolver.

A veces basta con media cuartilla.

Como podemos comprobar en el caso del 2CV.

Porque quizá el mejor briefing no sea el que más información contiene, sino el que consigue que todos entiendan exactamente qué tienen que resolver, sin decirles cómo hacerlo.

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Alejandro Navío

Socio Fundador y CEO de NCA Smart