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Las cosas han cambiado

Las cosas han cambiado La IA puede cuestionar el protagonismo de la especialización, tan valorada desde el siglo XX, que ha impulsado la proliferación de agencias muy especializadas. Para aglutinar y clasificar el conocimiento, la IA no es comparable con lo que puede hacer la mente humana… y, en muchos casos, saldrá ganando. Pero aquí también se abre una ventana y una gran oportunidad: entender y tener una visión global de las cosas. Especialmente en aquellos contextos donde tiene más valor comprender estructuras y procesos completos y complejos, que permitan innovar y dar un paso más. En este sentido, incorporar la ayuda de la IA mejorará enormemente la visión de los perfiles técnicos. Por eso, los profesionales del marketing y la publicidad debemos empezar a pensar como creadores del renacimiento: con una mente abierta a todas las disciplinas, técnicas, canales, inputs y contactos con el mercado. Y, sobre todo, valorando la aportación de cada uno, sin caer en la idea de que alguien posee la verdad absoluta ni en el error de menospreciar otras perspectivas. Volver a considerar lo antiguo, integrar lo nuevo y observar con criterio para ganar visión y perspectiva nos permitirá convertirnos en este tipo de creadores. Todo está relacionado y todo influye. La ejecución no es válida si no hay detrás una estrategia completa y acertada para las marcas y las empresas. Se acabó buscar profesionales que “saben mucho de poco”, especialistas centrados únicamente en su disciplina. Es el momento de apostar por perfiles que “saben menos, pero de mucho”: profesionales capaces de coordinar estrategias multicanal reales (digitales y analógicas) y darles sentido.

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En un mercado globalizado, las empresas que no crecen corren el riesgo de desaparecer

“Ganar y ganar y ganar y volver a ganar, y ganar y ganar…”. Es la frase que Luis Aragonés dejó para la historia, como respuesta a la pregunta de un periodista sobre qué se le pedía a un entrenador de fútbol. En las empresas pasa algo parecido: se les exige “crecer y crecer y volver a crecer”, si no quieren correr el riesgo de desaparecer. Crecer y crecer. Pero no solo en ventas, una condición necesaria pero casi nunca suficiente. Hay que saber evolucionar en muchos ámbitos para que el crecimiento sea útil y sostenible en el tiempo. En nuevos mercados, en innovación, en rentabilidad, portfolio, revisión y actualización del modelo de negocio, en talento, alianzas estratégicas…   En efecto, cuando una empresa presenta durante varios años un crecimiento plano, nos está mostrando un peligroso síntoma de una enfermedad que, si no se ataja, acabará con su vida. Es la enfermedad del conformismo. Y el problema se hace aún más patente en un mercado globalizado y digital, donde la eliminación de barreras de entrada facilita la aparición constante de nuevos competidores que, antes, parecían inimaginables. En paralelo, los consumidores demandan productos y servicios “nuevos”, con una exigencia de innovación y calidad a precios cada día más competitivos. Las empresas que no sean capaces de ofrecer todo eso, y ofrecerlo al ritmo que marca el mercado, estarán perdiendo relevancia.    Si a estos factores añadimos la continua presión por la reducción de costes y por la eficiencia operativa, las compañías se ven obligadas a escalar (es decir, a “crecer”) para poder mantener unos márgenes sostenibles. Finalmente, la falta de crecimiento también afecta directamente a la capacidad de inversión, dejando a la empresa en una posición de clara vulnerabilidad. Entonces, ¿cómo podemos acometer una fase de crecimiento en empresas que están estancadas o en decrecimiento? Ya hemos apuntado algunos síntomas claros y consecuencias evidentes, así como puntos críticos de activación para reorientarse hacia el crecimiento. Pero a menudo son señales que se ven con más claridad desde fuera del negocio que desde dentro.   Por esta razón, una de las fórmulas más utilizadas por las empresas que recuperan su éxito ha sido siempre recurrir a un talento externo que aporte una nueva visión y, a menudo, un nuevo impulso. Contar con la experiencia acumulada de equipos que ya han ayudado a muchas compañías en escenarios similares. Se trata, habitualmente, de consultoras de negocio y de marketing que aportan luz, conocimiento, casos contrastados y talento multidisciplinar para asegurar un crecimiento sostenible. Claridad y certezas cuando más necesarias son, lo que nos recuerda otra frase de Luis Aragonés: “Mátenme, pero no me mientan”. Si tu empresa se encuentra estancada, o si quieres identificar posibles síntomas de que pueda estarlo, mi recomendación es clara: consulta con una consultora. Y si me permites dos apuntes más para analizar lo que puede hacer por tu empresa, recomiendo leer este post sobre Marketing Outsourcing de Carmen Suárez. 

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